sábado, 28 de noviembre de 2009

La vida en el pueblo grande


Todos en esta ciudad, o una considerable mayoría, fingimos que nos olvidamos y cuando volvemos a encontrarnos es como si recién nos conociéramos, como si nunca en la inmensidad del Universo hubiésemos sabido o pensado sobre la existencia de aquellos que despreciamos o nos desprecian.
No es un asunto relevante, pero sí un tanto curioso y debe ocurrir, tal vez porque estamos aburridos del inconveniente que implica entendernos y tolerarnos o simplemente debido a que nos incomodan ciertos humores, conversaciones, vestidos, amaneramientos, neurosis e incómodas certezas del prójimo sobre nuestras personas que a conveniencia olvidamos deliberadamente.
También están a los que la rutina los ha vuelto familiares, aquellos que conocemos sin conocer, gente que a la vista de la costumbre pasan por el camino de nuestras calles a través de los años y observamos cómo van sufriendo la transformación del tiempo y seguramente nosotros tampoco pasamos desapercibidos a sus juicios y valoraciones, también sin conocernos. Resultaría inaudito que sorpresivamente nos detuviésemos a conversar animadamente sobre cualquier trivialidad como el clima o los bemoles del tráfico.
La injusticia del devenir del pueblo grande, consiste en ese frustrado anhelo inconciente de querer tropezarnos con los peatones deseados, los que se fueron del ir y venir por estos caminos que no van a ningún lugar pero que son parte del tránsito de cada día. Entre esos extraviados que no olvidamos están los amigos del pasado, las amantes de mirada profunda, los vecinos que nos perdonaban todo y las mujeres que nunca nos devolvieron el único beso con el que juramos una pasión eterna.
Cada día una calle y no sabemos quién estará a la vuelta de la esquina.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Por si no te vuelvo a ver

Otra vez el silencio y de nueva cuenta a empezar a numerar los días para la próxima semana, al final de cada 24 horas una cifra de rutina y volver a soñar el mismo sueño. Por lo pronto, mañana todas las señales estarán apagadas y el lunes el trabajo de todos los lunes, para comenzar el mismo sendero de las miradas furtivas (si es que ocurren) y el mismo gesto que articula las frases que con el tiempo se convirten en clisés. Ya me cansé de buscarte, de odiarte y de reconciliarme como si no pasara nada, porque de verdad, cada semana el vacío me exige abandonar eso que creemos y que buscamos sin palabras , escenas que se repiten dignas del cine silente. Por lo menos queda el soundtrack, la música que nos acompaña y que sin querer habla por nosotros... ¿nos acordaremos de nuestros encuentros inconclusos? En caso de que no vuelvas a mirarme tienes las flores de papel que te regalé.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Las mujeres altas no me van

Amistad.
(Del lat. *amicĭtas, -ātis, por amicitĭa, amistad).
1. f. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.


Yo te dije que era la primera vez que estaba con una mujer más alta que yo, y no me refería a una situación propiamente erótica, al menos en ese instante. Porque nos encontrábamos tendidos sobre la misma cama cuando me respondiste, "...y nunca vas a estar con una mujer más alta que tú"; adivino que te referías a tí misma negándome la posibilidad de visualizarte conmigo. Pero suponiendo que quisiste evadir toda proyección futurista a partir de mi breve discurso circunstancial, siento que sí tuvo algún tipo de efecto desesperanzador porque, en algún lugar de entre todos estos días se me ocurrió albergar alguna esperanza en cuanto a esto que no quieres nombrar propiamente como una relación.
Yo te digo que, de alguna manera es una relación, digamos... social-amistosa con ciertos visos seudoeróticos, si es que algunos besos pudieron haber sido el motivo propiciatorio para prosegir con el plan de la creación, o la recreación.
De todos modos no entiendo cómo es que no deseas entablar una "relación" si vienes y me abrazas justificando tu presencia en mi habitación porque "te doy amor". El caso es que si bien el amor se reparte sin esperar nada a cambio -y vaya que es una idea moralmente muy aceptada- discretamente, y para no verme con tanta avidez poco convencional y peligrosa, de la que algunas mujeres se guardan con demasiadas precauciones, he dejado de intentar buscar tus labios e incluso, hasta evito tocar aquellos territorios autorizados por tu voluntad y esperar pacientemente el momento en el que decidas cruzar tus propias fronteras.